viernes, 21 de febrero de 2014

La cara oculta de las canciones: ‘Barrel of a gun’, Depeche Mode

El 1 de junio de 1995, Alan Wilder decía adiós a Depeche Mode motivado por “una falta de satisfacción”. Para Wilder, la decisión no había resultado fácil, pero últimamente no sentía que su labor fuera reconocida: “Desde el momento de mi entrada, en 1982, he intentado continuamente dar toda la energía, entusiasmo y compromiso para la consecución del éxito del grupo y a pesar del importante desequilibrio en la distribución de la carga de trabajo, he ofrecido mi labor sin tregua. Desgraciadamente, dentro del grupo, este nivel de dedicación nunca ha recibido el respeto y reconocimiento que debería”.

El fundador de Mute Records, Daniel Miller, también era consciente de esta infravaloración: “Siempre he pensado que fue menospreciado por el resto, y creo que Alan lo piensa. O, quizá, más bien, Dave si valoraba lo que hacía, Fletch le restaba importancia y Martin estaba simplemente inmerso en su mundo y, realmente, ni lo pensaba. Y no se trataba simplemente del elemento musical; Alan era el que se tomaba la molestia de comprobar las cosas y escuchar los cortes musicales, se encargaba del material gráfico, etc. Mostraba un enorme interés en todos los aspectos del proceso”.

En su comunicado, Wilder se mostraba políticamente correcto y no arremetía contra ninguno de sus compañeros: “No tengo intención de dirigirme contra ninguno individualmente; basta con decir que las relaciones han resultado seriamente perjudicadas, cada vez más frustrantes y, últimamente, en determinadas situaciones, intolerables”. Pero en el fondo, los problemas personales con el resto eran evidentes. En primer lugar, Alan Wilder y Andrew Fletcher no se llevaban especialmente bien. Además había un agravante económico; aunque Wilder dedicaba muchas más horas de su tiempo al grupo que Fletcher, ambos ganaban el mismo dinero. Por otro lado, estaba el agotamiento de Wilder de tirar para adelante con el grupo ante la pasividad de un Martin Gore más interesado en darse a la bebida de vez en cuando. Y por último, estaba Dave Gahan. Y eso era otra historia.

Por aquella época, Dave Gahan no era más que un fantasma toxicómano. Un espectro enganchado a una aguja y una cucharilla que poco a poco iba perdiendo el norte: “Pensaba que podía controlarlo, pensaba que podía hacerlo esporádicamente, cuando me apeteciera, celebrar una fiestecita, o varias fiestecitas a lo largo de un mes. Y un mes después, estaba ahí sentado, temblando y preguntándome a mí mismo qué es lo que había pasado”. El subidón de la heroína se convirtió en tal rutina que ya ni siquiera era un subidón y Gahan vivía entre chute y depresión. Incluso tenía su propia habitación, a la que llamaba “la sala azul”, para encerrarse con su destructiva afición: “Recuerdo a Kurt diciendo lo mismo, que tenía un cuartito bajo las escaleras, que tenía espacio suficiente para estar allí con su vela y su cucharilla, y así ocurría todo”. Kurt Cobain no era precisamente el mejor ejemplo para un Gahan que jugaba con fuego. Un vergonzoso episodio buscando droga en las bolsas de basura delante de Jack, el hijo de su primer matrimonio, y de su madre hizo que el cantante considerara acudir a terapia de grupo para desengancharse. Pero aquello tampoco se lo tomó en serio: “Solía acudir a estas reuniones y sentirme más elevado que una cometa entre toda aquella gente sobria. (…) Solía ir al baño a chutarme, y al volver, levantaba la mano y decía: ‘Me he mantenido limpio treinta segundos’. Sí que tomaba el pelo a alguien, pero no a ellos precisamente, sino a mí mismo”. Su drogadicción llegó incluso a costarle su segundo matrimonio: “Poco a poco, Theresa fue hartándose de recogerme del suelo, así que tomó la decisión de separarse”.

Mientras Gahan seguía narcotizado en su mundo, Depeche Mode se transformaba en trío con la salida de Alan Wilder. Pero Martin Gore tenía nuevas canciones y se planteaban el siguiente álbum del grupo. El cantante se reunió con sus compañeros y parecía estar ilusionado con el nuevo proyecto: “Yo quería de verdad hacer las canciones. Mucho del contenido lírico y del sentimiento de las melodías se correspondía con lo que yo estaba sintiendo, y por lo que yo estaba pasando personalmente. Parecía que iba a ser algo bueno para mí hacerlo en aquel momento, ya que suponía una forma de trabajar mis propios problemas personales”. Aunque aquello era otra forma más de engañarse: “Mirando atrás, retrocediendo en el tiempo, yo no estaba listo, y era más importante para mí meterme heroína que estar en la banda”.
Cuando parecía que Dave Gahan no podía caer más bajo, en agosto de 1995, el vocalista cruzó la línea de fuego después de telefonear a su madre: “Yo estaba allí, en medio de aquella llamada de teléfono con mi madre, y le dije que esperara un momento, que volvía en un minuto; me fui al baño y me corté las venas de las muñecas con una máquina de afeitar, me las envolví con unas toallas, volví al teléfono y le dije: ‘Mamá, me tengo que ir, te quiero mucho’”. Justo a continuación, una amiga acudió a visitarle y Gahan intentó aparentar normalidad: “Al principio, yo actuaba como si no ocurriese nada. Bajé los brazos a los lados y podía sentir cómo brotaba la sangre. Los cortes eran muy profundos, hasta el punto de que ya ni sentía los dedos. Mi amiga no tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo hasta que se dio cuenta del enorme charco de sangre que se estaba formando en el suelo”. Poco después, el cantante estaba en el suelo, inconsciente, mientras un grupo de ATS le cosían las muñecas sin anestesia; uno de ellos le reconoció inmediatamente y le dedicó un saludo especial: “Oh, no. Idiota cabrón, eres tú otra vez”. A la mañana siguiente, Gahan despertó en un centro psiquiátrico vistiendo una camisa de fuerza y acusado de cometer un delito por intento de suicidio.

Pero después de este otro episodio, el cantante de Depeche Mode no escarmentó: “En cuanto salí volví de nuevo a las andadas con mis antiguas tretas. Me recuperaba un poco, pero de nuevo volvía a consumir. (…) Ya no sabía cuándo parar. Fui de mal en peor”. Cuando la banda se reunió para grabar las nuevas canciones, Gahan era incapaz de mantenerse de pie delante del micrófono, para terror de Martin Gore: “Hubo unas cuantas veces concretas durante la grabación de este disco en las que sentía que no lo íbamos a terminar. Tenía que empezar a pensar en terminarlo como artista en solitario, lo que yo, realmente, no deseaba”. La situación era tan extrema que Dave fue obligado por sus compañeros a acudir a clases de canto, algo que a Daniel Miller le pareció positivo: “Lo vi como un paso adelante, en cierta medida, una forma que él tenía de decir que deseaba recuperarse como cantante, y, de la misma manera, hacer mejoras en su propia vida”.

Sin embargo, el 28 de mayo de 1996, a Gahan todavía le faltaba correrse una última buena juerga y, como consecuencia de una sobredosis de “speedball”, sufrió un ataque cardíaco: “Me aplicaron el tratamiento completo ‘Pulp fiction’ y consiguieron que mi corazón volviera a bombear camino del hospital. Lo primero que recuerdo es un asistente en la parte trasera diciendo: ‘Creo que lo hemos perdido’. Tengo la imagen de que todo estaba muy, muy negro, y era aterrador, y recuerdo también que sentía que aquello no estaba bien. Se supone que no tendría que haber ocurrido. Yo pensaba que podía controlarlo, que yo podía decidir el día en el que iba a morir. Así de jodido estaba mi ego. Cuando quise darme cuenta, estaba esposado por un policía, que me leía mis derechos”. Al salir del hospital, Gahan pasó un par de noches encerrado en una cárcel. Tras salir con una fianza de 10.000 dólares, decidió que era hora de tomarse aquello en serio: “He estado dos veces en rehabilitación y no quiero ser como Kurt (…). Quiero ser un superviviente. Quiero decir que ayer por la noche volví a morir. (…) Mis siete vidas de gato se han agotado. Yo simplemente quiero pedir perdón a todos los fans y demás personas, estoy contento de estar vivo, y pido perdón a mi madre también”.


 Dave Gahan acabó en el Centro de Recuperación Exodus, en Marina Del Rey, Los Ángeles, la misma clínica de desintoxicación donde había estado Kurt Cobain. 
Ya no le quedaba más remedio. Steve Malins, en su biografía sobre el grupo, “Depeche Mode. Mito del rock” (Ediciones Robin Book), describe perfectamente la encrucijada que estaba viviendo el cantante: “Se enfrentaba a dos finales bastante probables si continuaba colocándose: o seguramente moriría o, en el mejor de los casos, pasaría algún tiempo en prisión. Incluso si sobrevivía a la cárcel, su historial criminal le forzaría a dejar Estados Unidos, y era más que probable que ya no pudiera recurrir a Depeche Mode para entonces. En cualquier caso, al grupo le sería extremadamente difícil irse de tour con un drogadicto convicto”. Gahan compareció ante un tribunal en Los Ángeles el 30 de julio de 1996, donde fue informado que se retirarían los cargos si permanecía un año sin consumir drogas.

Después de este calvario, resulta increíble que tanto Gahan como Depeche Mode lograran sobrevivir. Pero lo hicieron. “Ultra”, publicado en 1997, fue el noveno álbum de la banda y el primero sin Alan Wilder. “Existe un fuerte vínculo entre nosotros”, comentó Andrew Fletcher. “Creo que Alan pensó que tras su marcha el grupo iba a separarse, pero el vínculo era más fuerte de lo que él creía”. El primer single del álbum fue un tema oscuro y crudo, ‘Barrel of a gun’ y su videoclip fue dirigido, una vez más, por Anton Corbijn. Aunque, como de costumbre, a Martin Gore no le gusta soltar prenda sobre sus letras, el compositor reconoció la influencia de la caída de Gahan en el tema: “En parte se debe al infierno que ha atravesado Dave. Aunque está escrito desde mi perspectiva… Yo también tengo un problema con la vida”. 


Gracias a esta canción, Dave Gahan pudo hacerse una autoevaluación: “La letra y la intensidad de la música sintetizan lo que sentía. Al cantarlo y grabarlo, tuve la oportunidad de analizarme. Refleja mis sentimientos, la paranoia, el odio a mí mismo”.
Gracias a este trabajo, Depeche Mode cerraron las bocas de aquellos que vaticinaron que sin Alan Wilder no serían capaces de sobrevivir. Y también se equivocaron quienes pensaban que Dave Gahan correría la misma suerte que Kurt Cobain.

Texto de HÉCTOR SÁNCHEZ publicado el 19 feb, 2014 en la categoría La cara oculta de las canciones,  Revista
Fuente: http://www.efeeme.com/la-cara-oculta-de-las-canciones-barrel-gun-la-caida-en-las-drogas-de-dave-gahan-segun-depeche-mode/

 

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